Prohibidas las motos y otros 9 disparates reales que verás en Myanmar

Una de las vías principales de Yangon, atestada de coches, con la pagoda Sule al fondo. |  La Maleta Infinita
  1. Las motos están prohibidas en Yangon. Al viajar a la principal ciudad del país lo primero que imagina cualquier viajero acostumbrado al Sudeste de Asia son enjambres de motillos más o menos ordenados atestando las calles. Por eso sorprende tanto no ver una sola moto en Yangon. La explicación es gubernamental: la Junta Militar prohibió su uso en la ciudad. No hay argumentos oficiales para la decisión, pero las leyendas urbanas apuntan a un problema de tráfico de uno de los generales que hasta hace un año gobernaban el país. En cualquier caso, esta decisión, sumada a la liberalización de la importación de coches que se tomó a comienzos de esta década, ha convertido a Yangon en una de las peores ciudades para circular del mundo.


  2. Una de las viviendas tradicionales del lago Inle, con un pequeño huerto a su alrededor. |  La Maleta Infinita
  3. Cadáveres en el lago. El lago Inle es uno de los lugares más alucinantes que se puede visitar. Toda la vida ha girado en torno al agua durante siglos, y continúa haciéndolo. Los pescadores artesanales son auténticos funambulistas que manejan el remo con una pierna mientras utilizan artes de pesca con formas cónicas. Las mujeres se asean y lavan los platos en el agua sobre el que están sus viviendas, apoyadas en finos pilares de madera o bambú; y hay huertos, sobre todo de tomates, prácticamente por toda la rivera. Los habitantes del Inle saben que los pesticidas e insecticidas han contaminado durante décadas el agua, y ahora se esfuerzan por proteger el entorno. Una muestra de ello es que hace apenas un lustro se prohibió arrojar cadáveres al fondo del lago, una de las costumbres funerarias en el lugar. Ahora se incineran.

  4. Alrededor del templo de Khaung Mu Daw, todos descalzos. | Foto: La Maleta Infinita
  5. ¡Zapatos fuera! Decir que Myanmar es el país de los mil templos sería minimizar. En un país en el que la religión está presente en cada esquina, el respeto a Buda comienza por los zapatos. No sólo hay que descalzarse para pisar el suelo de madera de los templos. La norma se extiende a recintos al aire libre en los que las palomas se encargan, qué graciosas, de sembrar el suelo de chinitas y excrementos, e incluso a ruinas de estupas en las que quedan los restos de alguna imagen de Buda, como en Pahtodawgyi, o cuevas abandonadas, como las de Phowing Tuang.

  6. Puesto de venta de betel en las calles de Yangon. | Foto: La Maleta Infinita
  7. No es sangre, es betel. Como hay que andar descalzo muy a menudo, uno acaba preguntándose qué son esas manchas rojas que se ven por el suelo tan a menudo. Es betel.  Mascar betel es una costumbre social muy arraigada entre los birmanos. Consiste en una mezcla de nuez de la planta de betel con cal que preparan concienzudamente en puestos ambulantes. Lo mastican durante horas y genera salivación que expulsan sin remilgos en cualquier parte. Quienes lo consumen atribuyen al betel propiedades curativas, estimulantes y tranquilizantes, cuando en realidad no es más que un hábito pernicioso muy parecido al consumo de tabaco.

  8. Coches por la derecha, volante a la derecha. La antigua Birmania, como ex colonia británica, mantuvo el sentido de la circulación por la izquierda hasta 1974, cuando la Junta Militar que gobernaba el país creyó ver tendencias izquierdistas en esta norma. Así que ordenó que los coches circularan por la derecha, como en España. Lo que a priori es una ventaja para la mayoría de los conductores occidentales, en la práctica es  un serio obstáculo. La mayoría de los coches en el sureste asiático son japoneses o coreanos, fabricados con el volante a la derecha. Así, los conductores no tienen más remedio que tratar de adelantar a oído, comunicándose  sus intenciones en el sistema morse de los cláxones.

  9. Cuando más nuevos y relucientes, mejor.
  10. Dólares del Monopoly. El dólar es, como en todo el mundo, la moneda internacional más aceptada. Pero no cualquier tipo de dólar. Al pagar o tratar de cambiar divisas, repasarán cada billete del Tío Sam como si no lo hubieran visto en su vida: buscan roturas, tachones, esquinas dobladas o un simple doblez por la mitad del billete, lo que hacemos todos para guardarlo en la cartera. Esto reduce su valor de cambio o directamente convierte el billete verde en inservible en el país. Por esta costumbre (para la que no he escuchado ni leído ninguna explicación convincente) los birmanos llevan billeteras muy alargadas. Es la única forma de guardar dólares sin doblarlos. Eso sí, los kyats, la moneda local, pueden estar tan sucios, rotos y andrajosos como puedas imaginar. Todos valen.


  11. Una joven del norte compra en el mercado con la característica thanaka. | Foto: La Maleta Infinita
  12. Maquillaje natural. Otra de las costumbres que asombra a todo viajero que llega a Myanmar es el maquillaje basto de color amarillento que lucen muchas mujeres, niños y algunos hombres. Es thanaka, una mezcla de pasta obtenida del árbol del mismo nombre mezclada con agua. En los mercados se venden porciones de troncos de thanaka con mucho éxito. Aunque las birmanas más occidentalizadas comienzan a ver su uso como algo antiguo, sigue estando muy extendido. Además de adornar, la mezcla les sirve como protector solar.


  13. Varios hombres con longyi en la pagoda de Shewdagon, en Yangon. | Foto: La Maleta Infinita
  14. Hombres con falda. Cualquier birmano negará que use falda. Ellos visten longyi. La verdad es que es una prenda muy cómoda, nada que ver con la falda escocesa.  Se trata de una tela ancha, doblada, que llega casi hasta los tobillos. El intríngulis radica en cómo se ajusta: con un cruzado de los picos que no llega a anudarse y aún así se mantiene firme durante horas. Los hombres suelen usar longyi sin apenas estampados y colores oscuros. Las faldas de las mujeres son más vistosas, coloridas y se cierran a un lado. Camisa blanca, longyi y chanclas: el uniforme que necesitas para integrarte en Myanmar.


  15. Varios templos de Shwe Indein, ¡como nuevos! | Foto: La Maleta Infinita
  16. Pinta tu templo.  El Gobierno birmano no ha tenido muy buena relación con la Unesco en las últimas décadas. Asegura que se ha esforzado por recuperar su patrimonio, valiosísimo, y que desde el organismo de la ONU se ha hecho oídos sordos. Es cierto que hay cientos de intervenciones en edificios históricos y artísticos, pero también lo es que muchas de ellas son dignas obras de  Pepe Gotera y Otilio. Un ejemplo absolutamente demencial se puede ver en el conjunto de pagodas de Shwe Indein, sólo accesible por barca a través de una de las ramas del lago Inle. La mayoría de estos edificios, de pequeño tamaño, están comidos por el viento, la lluvia y el sol, colonizados por la vegetación y semiderruidos. Es lógico que un país con pocos recursos no pueda acometer un mantenimiento de cada monumento. Para solucionarlo, el gobierno apostó por la iniciativa privada: mecenas para recuperar los templos de los siglos XVII y XVIII. Eso sí: quien paga, exige. Desde 500 dólares cualquiera podía contribuir a restaurar una pagoda y exigir que la pintaran de blanco, sepia o dorado. Si siguen así, cuando acaben la restauración parecerá más un parque de Disney de cartón piedra que un conjunto religioso de gran valor artístico.



  17. No es fútbol, es chinlone. Por las calles, playas, parques... Muchos jóvenes juegan al chinlone, un deporte nacional cuyo objetivo no es ganar o perder, no hay rivales, sino que se trata de hacer el mayor número de virguerías posible con una pelota de bambú (o de plástico, que el made in China no conoce fronteras). Es muy adictivo.