¿Qué ver en Istria? Mucho más que Pula y playas


La península de Istria, en Croacia, es una de las joyas europeas para el turismo de primavera y verano. Muchos acuden atraídos por sus playas, algunas de ellas sinceramente agradables, otras claramente detestables. Y Pula es la ciudad en torno a la que gira todo, por su combinación de patrimonio histórico, belleza arquitectónica, grandes recursos de alojamiento y restauración y playas. Pero conviene no recluirse en la fantástica Pula y mirar más allá. Con sus 100 kilómetros de norte a sur y unos 80 de este a oeste, es muy sencillo recorrerla en coche, con numerosas paradas interesantes por el camino.
La gastronomía es uno de los alicientes de Istria. Pescados, pasta, pizza, verduras… y los
helados,  de tanta calidad como sus vecinos, los gelatti italianos.
Las carreteras son cómodas para circular por ellas pausadamente. En el interior,  una montaña rusa continua lleva por una cadena de pueblos pequeños pero encantadores. Y  la vía principal que conecta con Eslovenia, la E751, es la forma más rápida de desplazarse rápidamente.

Groznajn
Es, sin duda, una de las sorpresas agradables que esconde el interior de  la península de Istria. Se trata de un pueblo encaramado a una colina con una calma y un encanto más propio de otros tiempos. Dan ganas de llegar para desayunar, tomar un café en una estrecha mesa de madera ajada mientras los habitantes se van desperezando y aún no han llegado los turistas. Calles mal empedradas van llevando de una callejuela a otra entre edificios de piedra, ninguno monumental, sólo casitas que albergan unas tiendas de artesanía por ahí y otras de arte por allá. Otro pasatiempo es otear los montes que rodean el pueblo y los viñedos que se extienden a sus pies.

Una de las callejuelas de Groznjan. @maletainfinita

Motovun
Con mucha más fama (y turismo) que Groznaj, tiene sin embargo un carácter menos auténtico, más impersonal. Sus calles empinadas se concentran en vender trufas  y dar de comer a los visitantes, lo cual es muy legítimo pero me parece poco tentador.

Panorámica de Motovun. @maletainfinita



Porec
Recuerda mucho a otra ciudad no muy lejana, pero más allá de la frontera eslovena, Piran, pero con mucho más encanto y edificios monumentales. El Decumano es su vía principal, que para algo presume de pasado romano. Atraviesa la punta de la península de lado a lado, siguiéndolo se puede ver todo lo que ofrece este pueblo, desde la artesanía hasta la sabrosa gastronomía (una recomendación: cualquier pescado a la brasa), pasando por los inevitables souvenirs. La Basílica Eufrásica es una joya bizantina, con unos espectaculares muros sobre el altar y una planta original del siglo III aún visible. Algunas mujeres se cubren los hombros al entrar en el templo, aunque nadie se lo indique. Su torre no es realmente muy elevada, pero es el mejor punto para tener una vista panorámica de Porec, del puerto, del núcleo antiguo, de sus playas.

Porec y su costa, desde la Basílica Eufrásica. @maletainifita


Vodnja
No tiene más que una iglesia, la de San Blas, con un campanario monumental, desproporcionado. Sólo por contemplarlo, aunque sea desde el coche, merece la pena carretear por las vías secundarias  para llegar a este pueblo.


Bale
Hay lugares en los que se aprecia el cuidado por los detalles, el mimo por lo bien hecho, por las buenas apariencias. Así es Bale, donde sus vecinos se preocupan por embellecer los rincones de las calles, por intentar que el paso del tiempo no se cebe con los detalles. Un pequeño bar de jazz lleva su decoración a la calle y se convierte en una atracción en sí mismo. Apetece pasear muy despacio, arrastrando los pies sobre la piedra blanca del adoquinado irregular.

Terraza de un bar en Bale. @maletainfinita


Rovinj
Destino clásico de vacaciones, esta pequeña ciudad de aires agradables invita a pasear por ella, pese a las cuestas que llevan a su iglesia de Santa Eufemia y las rampas con piedras bien pulidas por el paso constante de peatones. Como ocurre en otros pueblos de la costa de Istria, Rovinj no tiene buenas playas en su casco urbano. A cambio, su puerto deportivo es realmente llamativo por la combinación de los barcos con el azul del mar y los edificios florentinos de fondo. El casco antiguo invita a ser fotografiado desde allí, con la fachada del pueblo orgullosa sobre el monte, con la torre en lo alto y las paredes ajadas de varios edificios y casas muy cerca del mar.

Rovinj, desde el puerto. @maletainifita


Hum
Se presenta como la ciudad más pequeña del mundo. Y posiblemente lo sea. Cuatro casitas y dos calles, todo bien apiñado, donde incluso caben varios apartamentos turísticos. Esta zona es realmente escarpada, el viaje en coche es un constante subir y bajar de un pueblo a otro, muy apropiado para tomárselo con calma y disfrutar de la carretera con la ventanilla bajada. Pero no una buena elección para circular de noche, con lluvia o con prisa.
 
Todo es piedra en Hum. @maletainifita
Buzet
Otra buena parada para hacer un alto en el camino, otear el paisaje desde lo alto, caminar por las calles que suben a lo alto del monte y tal vez comer en alguno de los tres o cuatro restaurantes.

El característico arco de entrada a Buzet. @maletainfinita


Beram

Todo lo bueno se hace de rogar. El objetivo en Beram es ver la iglesia de María, del siglo XV, famosa por sus muros pintados. Una vez en el pueblo, hay que encontrar a Sonja, la sacristana, en una casa a la entrada. Una vez hechas las presentaciones y explicado el motivo de la visita (el mismo de todos los turistas), la sacristana monta en el coche y dirige la marcha. Un par de kilómetros a la salida del pueblo está la iglesia, apartada, en silencio, en medio del campo. Los murales no sólo hacen honor a su fama, sino que la superan. Colores vivos, figuras de una enorme calidad, pintadas en el siglo XV y restauradas en los años 30. Una marcha muestra a todos los estamentos de la sociedad, desde el mendigo hasta el Papa, danzando en un cortejo que los conduce a la muerte irremediablemente. Es conveniente llevar  algunas kunas sueltas para pagar la entrada y tener un poco de paciencia con Sonja: en cuanto le dices lo bella que es su iglesia se convierte en una buena guía.

Fragmento de uno de los muros pintados en la iglesia de María de Beram. @maletainifita