Kaali, el lago de origen extraterrestre

Cráter de Kaali, en Estonia. Foto: José Luis M. Vadillo


No siempre todo es tan sencillo como parece. Está a 18 kilómetros de Kuresaare, la capital de la isla de Saaremaa, una de las más bellas de Estonia, ese pequeño país báltico que mira a Finlandia. Justo ahí, en un paraje anodino, ni demasiado bonito ni demasiado feo, con alguna granja suelta y carreteras estrechas, está el cráter de Kaali. El de la imagen es el de mayor tamaño, pero hay al menos otros ocho, de 12 a 40 metros de diámetro. Éste dio origen a un lago que en su mejor época alcanza los 22 metros de profundidad y que en agosto no aparenta ser más que un charco hondo con nenúfares y agua verde.

Su origen no es glaciar, fluvial ni fruto cualquier fenómeno habitual. Un meteorito cayó aquí hace unos 4.000 años (dicen los expertos) y provocó este enorme agujero. Desde entonces, los árboles lo han rodeado, la tierra ha dulcificado su aspecto y el musgo termina de convertirlo en un rincón bucólico.

No imagino mayor espectáculo que contemplar el momento de un impacto como aquel o la erupción de un volcán. Y salir vivo para contarlo.

Junto al cráter no hay pueblos ni apenas viviendas, así que han habilitado una zona de aparcamiento junto a la carretera, alrededor del cual ha crecido una gran tienda de recuerdos y objetos absurdos; y justo enfrente, una taberna con platos típicos estonios en la que comí escuchando una versión local de la Macarena. Eso sí que es una marcianada.